• Renzo Merino, vicepresidente de Riesgo Soberano de Moody’s Ratings, advierte que un déficit de entre 4% y 4.5% del PIB en 2026 aún no permitiría estabilizar la deuda. 

Que la deuda de México siga aumentando no implica una rebaja automática de su calificación. La preocupación de Moody’s Ratings es más amplia: qué pasaría si el país no logra contener el deterioro fiscal mientras la inversión privada pierde fuerza y la economía crece demasiado poco para atender sus rezagos.

Renzo Merino, vicepresidente de Riesgo Soberano de Moody’s Ratings, explicó que el gobierno reconoce ahora una reducción más lenta del déficit y una deuda que continuará al alza. Esas previsiones se acercan al escenario que la calificadora ya contemplaba cuando rebajó la nota de México a Baa3 , el último escalón del grado de inversión. Por eso, las nuevas cifras no llevaron, por sí solas, a modificar la perspectiva estable.

El riesgo está en lo que ocurra después, pues Moody’s observará si México consigue frenar el aumento de la deuda o si una trayectoria fiscal cada vez más difícil de corregir revela una menor capacidad para manejar las finanzas públicas.

La deuda cuesta más

Antes de modificar su evaluación, Moody’s esperaba que la deuda del gobierno se estabilizara alrededor de 50% del PIB. Ese escenario cambió. Según Merino, la deuda aumentó casi 10 puntos del PIB entre 2023 y 2025, cuando partía de un nivel cercano a 40%. Con una reducción del déficit más gradual que la prevista inicialmente por el gobierno, la calificadora proyecta ahora que se aproxime a 55% del PIB en los próximos años.

El tamaño de la deuda es sólo una parte del problema, la otra es cuánto cuesta pagarla. Merino señaló que México destina 17% de los ingresos del gobierno general al pago de intereses, frente a 11% en 2021. El promedio de los países con una calificación comparable es de 9%.

La comparación le preocupa porque México dedica casi el doble de sus ingresos a intereses que ese grupo, a pesar de que su deuda todavía es menor en proporción a la economía. En términos prácticos, una mayor parte de los recursos disponibles debe cubrir obligaciones adquiridas, lo que estrecha el margen para otros gastos.

Merino recordó que el gobierno hizo un esfuerzo por elevar la recaudación y contener el gasto primario, que excluye los intereses. Pero el costo de financiar déficits más amplios a tasas más altas y los apoyos a Petróleos Mexicanos (Pemex) absorbieron parte del ajuste.

Esas presiones contribuyeron a que Moody’s revisara su escenario de deuda y recortara la calificación en mayo.

El déficit aún pesa

Para 2026, Moody’s calcula un déficit de entre 4% y 4.5% del PIB, con una previsión de crecimiento cercana a 1%, Merino estimó que haría falta un ajuste fiscal adicional de más de 1.5 puntos porcentuales del PIB para estabilizar la deuda este año.

El gobierno plantea una reducción gradual del déficit ante esto Merino consideró que los supuestos económicos y fiscales más recientes son más realistas y creíbles, al menos para este año y el próximo. Aun así, desde la perspectiva de Moody’s, el déficit previsto continúa por encima del nivel que permitiría detener el aumento de la deuda.

De ahí surge una pregunta para la calificadora: ¿qué ajuste vendrá después? Si la corrección se aplaza y la deuda sigue creciendo, México tendrá menos margen para responder a nuevas presiones sobre el presupuesto.

La capacidad de obtener ingresos también forma parte del problema, ya que Merino señaló que la recaudación del gobierno general de México ronda 20% del PIB, mientras que en Brasil y Colombia se acerca a 30%. Al mismo tiempo, el país enfrenta gastos difíciles de reducir y necesidades de inversión que no pueden posponerse indefinidamente.

Escenarios de riesgo 

Moody’s evaluó cómo podría evolucionar la deuda bajo distintos niveles de crecimiento. Si la economía avanza alrededor de 1.5% en el mediano plazo y no se hacen mayores ajustes fiscales, la deuda llegaría a 55% del PIB y continuaría subiendo. En un horizonte de 10 años podría acercarse a 60%.

Si el crecimiento se mantiene cerca de 1%, el aumento sería más rápido. Ante un choque fiscal o si el gobierno tuviera que absorber más deuda de Pemex, la referencia podría acercarse a 65% del PIB. Merino precisó que estos últimos son escenarios adversos, no el escenario base de la calificadora.

Las proyecciones muestran por qué la recuperación económica es clave para las finanzas públicas: si el PIB crece poco, resulta más difícil elevar los ingresos y reducir el peso de la deuda en relación con el tamaño de la economía.

“Para un país como México crecer a 2% no es suficiente”, afirmó Merino. Ese ritmo, dijo, tampoco alcanza para cerrar las brechas sociales ni atender las necesidades de infraestructura, educación y salud.

La inversión perdió fuerza

Merino puso como ejemplo 2023, cuando un repunte de la inversión privada ayudó a sostener un crecimiento económico de 3%. El impulso no duró: después, la inversión perdió fuerza en medio de mayores dudas sobre el entorno para hacer negocios.

Una parte de la incertidumbre viene de la relación con Estados Unidos, en particular de la revisión del T-MEC y los aranceles. El escenario base de Moody’s es que México conserve acceso comercial preferencial al mercado estadounidense, dada la integración de ambas economías. Sin embargo, la falta de claridad sobre las reglas futuras todavía puede aplazar proyectos.

El directivo también mencionó la incertidumbre regulatoria y los cambios institucionales dentro de México. A esto se suman obstáculos de largo plazo, como la baja productividad de algunos sectores, la informalidad, la cual limita la recaudación y la inseguridad, que eleva el costo de operar en el país.

En energía y agua, Merino reconoció una mayor apertura a la participación privada bajo ciertas condiciones. Consideró, no obstante, que la inversión planteada ayudaría principalmente a cerrar rezagos acumulados, sin que resulte claro todavía si bastará para preparar al país ante nuevas oportunidades productivas.

¿Qué pasaría con la nota?

Merino explicó que Moody’s no cambiaría la perspectiva o la calificación sólo porque la deuda alcance 55% o 60% del PIB. «No es solamente un tema de números», afirmó. La firma analiza qué revela esa trayectoria sobre la capacidad del país para controlar sus finanzas y sobre la fortaleza de sus instituciones.

La credibilidad fiscal tiene además un costo concreto: si los inversionistas perciben que un gobierno se aleja de sus metas y no logra estabilizar la deuda, pueden exigir tasas más altas para prestarle. Eso elevaría aún más el pago de intereses, que ya consume 17% de los ingresos del gobierno general.

Moody’s toma en cuenta que México conserva estabilidad económica y que una recuperación de la inversión podría aliviar parte de las presiones. También compara su situación con la de otros países de calificación similar. Merino aclaró que la calificadora todavía no considera que el deterioro fiscal sea irreversible y que el gobierno puede hacer ajustes.

Pero si el déficit y la deuda continúan empeorando, el problema dejaría de ser sólo el nivel de los indicadores. Para Moody’s, puede ser una señal de que se debilitó la capacidad de manejar las finanzas públicas.

Con información de Expansión