Hoy en día las baterías (BESS) están en todas las conversaciones del sector. El Reglamento de la Ley del Sector Eléctrico reconoce al almacenamiento como figura regulada, la política energética apunta a su despliegue masivo, y el discurso comercial promete ahorros casi automáticos. Permítame ofrecer una verdad técnica incómoda, una batería no ahorra un solo kilowatt-hora. Al contrario, consume más de los que entrega.
Aunque la tecnología mejora día con día, una realidad es que toda batería tiene una eficiencia de ida y vuelta, de cada 100 kWh que almacena, devuelve típicamente entre 85 y 90. Además, se degrada con el uso: su vida útil se mide en ciclos de carga y descarga, no en años calendario. Cada kWh desplazado tiene, por lo tanto, un costo técnico y financiero. Fundamentalmente el valor de una batería no está en ahorrar energía, sino en moverla: de un momento caro a uno barato, o de un momento crítico a uno seguro.
De ahí se desprende la prueba de fuego económica. El costo nivelado de almacenamiento (LCOS, por sus siglas en inglés) —lo que realmente cuesta cada kWh ciclado, es decir cargado y descargado, considerando inversión, eficiencia, degradación y operación— debe compararse contra el valor que se pretende capturar. Si el diferencial entre horario punta y base es menor que el LCOS, el arbitraje simplemente no genera valor. Por eso los proyectos rentables no viven de un solo ingreso: acumula valor combinando recorte de demanda, gestión horaria, respaldo y sinergia con generación en sitio.
Lamentablemente un matiz que pocas propuestas comerciales incorporan es que, en tarifas industriales, los cargos por capacidad y distribución no se calculan sobre el pico absoluto de la planta, sino sobre la demanda en horarios y condiciones específicas. Una batería mal dimensionada, o que descarga en la hora equivocada, simplemente no captura ese valor. El despacho debe diseñarse a partir de la estructura tarifaria real y del perfil de carga medido, no del catálogo del proveedor. En lo regulatorio también es necesario matizar pues una batería detrás del medidor, un esquema híbrido con generación y un sistema que interactúa con la red tienen tratamientos, permisos e implicaciones contractuales distintas. Además, parte de la regulación secundaria sigue en desarrollo. La estructuración legal del proyecto importa tanto como la ficha técnica del equipo.
Mi recomendación es respetar el orden de mérito de las inversiones: primero eficiencia, tarifa correcta y factor de potencia; después generación en sitio; y al final, debidamente dimensionada con datos y despachada con inteligencia, la batería. Cuando llega en ese orden, el almacenamiento deja de ser moda y se convierte en lo que debe ser, una herramienta poderosa de estrategia energética.

David Muñoz Andrade
El autor es Economista por la Universidad de Essex, experto en energía, Socio Fundador de Diurna Energy Inc y Simplify Management Services, S.C. y Presidente de Fundación Diurna México, A.C.

