- El presidente de Comice señaló que el crecimiento vitivinícola debe traducirse en mayor inversión, infraestructura, empleo y participación de empresas y proveedores locales
Ensenada, B. C.- La industria del vino se ha consolidado como uno de los principales detonantes de la actividad económica de Ensenada, por su capacidad para generar inversión y vincular sectores como turismo, gastronomía, construcción, transporte, comercio, servicios y proveeduría local, señaló Enrique Sánchez, presidente de Compañías Mexicanas de la Industria de la Construcción (Comice).
En el marco de las Fiestas de la Vendimia, sostuvo que su impacto debe analizarse más allá de las celebraciones de temporada, ya que alrededor de la producción de vino se ha desarrollado una cadena económica que demanda infraestructura, servicios, mano de obra especializada y proveedores durante todo el año.
“El verdadero valor de la Vendimia no está solamente en la derrama económica de unas semanas, sino en su capacidad para generar inversión, empleo e infraestructura durante todo el año”, afirmó.
Sánchez explicó que el desarrollo de vinícolas, restaurantes, hoteles, cavas y proyectos turísticos genera oportunidades para arquitectos, ingenieros, constructores, instaladores y proveedores de materiales, además de empresas relacionadas con transporte, energía, tratamiento de agua y otros servicios especializados.
Indicó que Baja California concentra alrededor del 70 por ciento de la producción nacional de vino y que Ensenada reúne buena parte de esta actividad, por lo que consideró estratégico incrementar la participación de empresas, profesionistas, trabajadores y proveedores de la región.
“Tenemos que ver al vino como una cadena económica completa. Una botella representa producción agrícola, transformación, transporte, comercialización y turismo, pero también infraestructura y servicios. Mientras más procesos podamos integrar localmente, mayor será la derrama que permanezca en Ensenada”, señaló.
Planeación responsable
El presidente de Comice consideró que este crecimiento debe acompañarse de infraestructura y una planeación responsable de recursos como el agua, la energía y el territorio, incorporando principios de economía circular mediante tratamiento y reúso de agua, eficiencia energética, recuperación de materiales y manejo adecuado de residuos.
Asimismo, señaló que otro reto para fortalecer la competitividad del vino mexicano es la carga fiscal que enfrenta el sector, particularmente el impacto del Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), por sus efectos sobre los costos, la capacidad de inversión y la competencia frente a la oferta importada.
“Si queremos que el vino mexicano gane mayor presencia en nuestro propio mercado y amplíe sus oportunidades en el exterior, también debemos revisar las condiciones fiscales bajo las que compite”, expresó.
Durante la actual temporada de Vendimia se estima la llegada de más de 100 mil visitantes entre julio y septiembre y una derrama económica cercana a 800 millones de pesos en Ensenada, cifras que, dijo, muestran la dimensión de las actividades productivas que se movilizan alrededor del vino.
Sánchez agregó que esta oportunidad no debe concentrarse exclusivamente en el Valle de Guadalupe, pues zonas como Santo Tomás, San Vicente y la Antigua Ruta del Vino tienen potencial para ampliar territorialmente la inversión y generar nuevas oportunidades económicas.
“La industria del vino ya posicionó a Ensenada a nivel nacional e internacional. El reto ahora es convertir ese éxito en inversión permanente, empresas locales participando y empleos durante todo el año”, concluyó.
Ante “los ojos” del turismo
El inicio de las Fiestas de la Vendimia concentra durante agosto parte de la actividad turística de Ensenada y representa una oportunidad para vincular el vino con la gastronomía, el hospedaje y los recorridos por las distintas zonas vitivinícolas del municipio, señaló Andrés Martínez Bremer, presidente de la Asociación Mexicana de Hoteles y Moteles de Ensenada y de Proturismo.
Martínez Bremer indicó que la temporada inició el 5 de agosto y comprende actividades en bodegas, viñedos y espacios gastronómicos, con visitantes que llegan a Ensenada y posteriormente se desplazan hacia Valle de Guadalupe y otras zonas productoras.
Explicó que la Vendimia permite presentar al visitante el proceso que existe detrás de la producción de vino, desde el cultivo y cosecha de la uva hasta el trabajo de productores, enólogos, cocineros y prestadores de servicios turísticos.
“Vendimia no debe entenderse únicamente como una agenda de eventos. Es una temporada que permite recorrer el territorio, conocer a quienes producen el vino y conectar esa actividad con la gastronomía, el hospedaje y otros servicios turísticos de Ensenada”, expresó.
El presidente de Proturismo señaló que la edición de este año coincide con los resultados de la Guía Michelin México 2026, en la que cinco restaurantes de Ensenada y Valle de Guadalupe mantienen una Estrella Michelin: Animalón, Conchas de Piedra, Damiana, Lunario y Olivea Farm to Table.
Añadió que Conchas de Piedra, Damiana, Lunario, Olivea Farm to Table y Deckman’s en El Mogor cuentan además con Estrella Verde Michelin, distinción relacionada con prácticas de sostenibilidad en la operación gastronómica.
Martínez Bremer consideró que estos reconocimientos permiten reforzar la promoción conjunta de vino y gastronomía, debido a la relación de los restaurantes de la región con productos agrícolas, pesqueros y vitivinícolas de Baja California.
“Tenemos restaurantes reconocidos por Michelin en el mismo territorio donde se produce vino, aceite de oliva, hortalizas, quesos y otros productos, además de la cercanía con la producción pesquera. Esa relación debe formar parte de la promoción turística de Ensenada”, sostuvo.
Vendimia en el sur
Martínez Bremer señaló que uno de los objetivos durante esta temporada debe ser ampliar los desplazamientos turísticos más allá de Valle de Guadalupe e incorporar con mayor fuerza a la Antigua Ruta del Vino, ubicada al sur de la ciudad.
Recordó que zonas como Santo Tomás y San Vicente forman parte de los antecedentes de la actividad vitivinícola de Baja California y mantienen bodegas, viñedos, ranchos, establecimientos gastronómicos y espacios vinculados con la producción regional.
La propia narrativa turística de Ensenada reconoce a esta zona como parte del origen de la historia vitivinícola regional: antes de la proyección internacional alcanzada por Valle de Guadalupe, la producción ya se desarrollaba en Santo Tomás y San Vicente.
“No queremos que el visitante piense que la ruta del vino termina en Valle de Guadalupe. Hacia el sur existe otra parte de la historia que debe conocerse y que permite extender la estancia y distribuir la actividad turística hacia otras comunidades”, manifestó.
Estabilidad del vino
Mientras que el consumo de vino ha caído entre 5 y 7 por ciento en Europa y Estados Unidos, en México la demanda se mantiene e incluso creció 1 por ciento, informó el presidente del Consejo Mexicano Vitivinícola (CMV).
Salomón Abedrop López dio a conocer que dicho incremento corresponde del 2023 al año en curso, hasta alcanzar un consumo cercano a 151 millones de litros o 200 millones de botellas anuales.
Durante su visita en el puerto de Ensenada, por la inauguración de las Fiestas de la Vendimia 2026, resaltó que —actualmente— 4 de cada 10 botellas que se consumen en México son nacionales.
Pese a dicho avance, uno de los mayores retos que enfrenta este país es la saturación del mercado con la entrada de vino extranjero, con excedentes de naciones altamente productoras, como España, Francia o Chile.
Además, países de la Unión Europea buscan saturar al mercado mexicano, con financiamiento de sus gobiernos, mientras que las y los productores mexicanos no reciben ese tipo de recurso para promoverse y vender.
Consideró que podría haber competencia desleal proveniente de otros países; aunque no se puede señalar formalmente sin pruebas, existen sospechas de irregularidades aduaneras o subdeclaraciones en la importación de algunos vinos.
Accesible para su consumo
Tanto el vino mexicano como extranjero están sujetos a un impuesto muy alto para la venta, lo que duplica el precio final al público, por lo que se vuelve un producto con precios menos asequibles en comparación a otros como la cerveza, por ejemplificar.
El presidente del CMV aprovechó para desmentir el mito del precio, sobre que el vino mexicano es excesivamente caro. En promedio es más accesible que el importado, porque 31 por ciento del nacional cuesta menos de 300 pesos.
Por su parte, 47 por ciento se sitúa entre 300 y 500 pesos, y 22 por ciento supera los 500, lo que significa que el grueso de las botellas (alrededor de 70 por ciento) se vende por debajo de dicho costo. En contraste, del vino importado, el 36 por ciento se vende arriba de los 500.
Registran marca
Abedrop López destacó que a través del Consejo se registró la marca colectiva Vino Mexicano, para lo cual está implementándose un reglamento para garantizar que las botellas que la porten sean elaboradas con uva, manos y bodegas 100% nacionales.
Otro de los esfuerzos que actualmente impulsa la organización, en alianza con la Canirac nacional, es la capacitación semanal de meseros, capitanes y sommeliers en distintas ciudades del país para que puedan recomendar el vino mexicano.
“Ya tenemos el 39 por ciento (consumo de vino mexicano a nivel nacional) y creo que, no descuidando las líneas que hemos mencionado, podemos llegar a 45, 50% en mediano plazo”, mencionó.
Avances en sustentabilidad
El presidente de la asociación vitivinícola aclaró que prácticamente no existen desperdicios en la elaboración del vino; incluso los residuos sólidos (orujos) se aprovechan para la destilación de licores.
También, los viñedos mexicanos utilizan exclusivamente sistemas de riego de alta eficiencia (como goteo o aspersión) para garantizar la sustentabilidad a largo plazo de la tierra y cuidar las napas subterráneas sin sobreexplotar pozos.
Las áreas de oportunidad para impulsar la sustentabilidad se centran en incrementar la densidad de plantas por hectárea, para optimizar el rendimiento por superficie utilizándose la misma agua.
Necesario el enoturismo
Por último, subrayó que el vino mexicano obtiene medallas de oro constantemente en concursos internacionales (como en Bruselas o Francia). El reto actual es adaptar los perfiles de vino a lo que el público busca consumir.
A través del Consejo se exhorta a los productores a continuar con su esfuerzo en calidad, presencia, marketing y —sobre todo— en precio, así como aprovechar la crisis del mercado europeo y estadounidense, con el enoturismo como fuente extra de ingresos y desarrollo.
“Hacer que las experiencias, las visitas que tenemos en las bodegas sean excelentes, estupendas, que la gente salga contenta de las bodegas para que se enamoren de nuestros vinos y sigan viniendo a comprar las botellas. Ese es lo que tenemos que hacer”, concluyó.
