Estamos arrancando el año 2021 bajo un techo optimista, sin embargo prevalece un entorno económico-social muy vulnerable, incierto y con bastantes cambios legales bajo una plataforma política inestable. Estos aspectos nos invitan realmente a reflexionar acerca de las decisiones que ha tomado nuestro gobierno, los estragos que está dejando la pandemia a su paso y de nuestra fragilidad como seres humanos. Cada día leemos artículos o nos enteramos por los medios digitales de noticias que determinan el rumbo de nuestro país, sociedad, organizaciones y normalmente criticamos las decisiones que otros toman por nosotros; sin embargo no tenemos la valentía de generar acciones en nuestro día a día para marcar una diferencia en este mundo. No queremos comprometernos más allá de nuestra zona de confort y de las fronteras que limitan nuestro entorno personal, familiar, organizacional, social, etc.

Si queremos una realidad diferente, debemos empezar a dar los primeros pasos, reflexionar, inspirar y ejecutar. Esto implica liderar desde el corazón con un propósito y con una visión excepcional que desafíe nuestra realidad actual. Se dice que el mundo es el espejo de nuestras almas o el reflejo de nuestras acciones; y ¿Cuál es la percepción que tenemos del mundo? ¿Un mundo enfermo?; ¿o acaso no escuchamos constantemente quejas de lo que acontece cada día en nuestro país? ¿O sólo es un efecto de la pandemia? ¿O son los muchos años del ego engrandecido, la corrupción arraigada, el poder desmedido y la ola de violencia que no tiene fin? ¿Cuál es la escuela que enseña sobre consciencia humana y universal? ¿Cómo enseñarle al líder que su ego y su control excesivo limita el empoderamiento de sus empleados?, o ¿Cómo enseñarle al político corrupto que los mexicanos necesitan creer en un líder honesto que trascienda más allá de los valores?; o bien ¿Qué decir del empresario con poder económico para desafiar las leyes y que no le teme a nada para desechar residuos peligrosos, inconsciente de la destrucción que ocasiona al medio ambiente? y finalmente ¿Cómo enseñar al padre y/o madre de familia que el maltrato psicológico en sus hijos desencadena con el tiempo la violencia física? Todo lo anterior tiene un desenlace en estadísticas alarmantes en nuestro país.

Tenemos una gran responsabilidad y es la de ser consciente del entorno en el que cada uno de nosotros se desenvuelve, ¿Qué soluciones podemos aportar a las necesidades que siguen sin resolverse? Esto se llama liderazgo con propósito y con una visión excepcional. Los pasos para lograr liderar desde el corazón son muy sencillos, y son los siguientes: Tomar consciencia personal, Inspirar e influenciar y Marcar la diferencia cada día.

· Tomar consciencia

Es importante entender los estragos que genera el ego en cada persona y en su interacción con otros. El ego es muy sutil, se engrandece instantáneamente y se ofende con facilidad. Y si no existe la madurez adecuada para manejar estas emociones seremos presa de la inconsciencia, el orgullo, la ira, el rencor, la apatía, entre otros. Se recomienda practicar el silencio, la meditación y al final del día la reflexión de los propios comportamientos. Esto nos llevará a desarrollar autodominio, autodeterminación, autoconfianza, automotivación y autoestima. El resultado será un equilibrio físico, mental, emocional y espiritual.

· Inspirar e influenciar

Una vez que se ha tomado consciencia personal, el siguiente paso es llevar a otros a que tomen consciencia del impacto de sus acciones, de las emociones que despiertan al interactuar con otros. Aquí es importante aclarar que para inspirar a otros; ellos deben conocer tus intenciones que tienes como líder, tu propósito y tu visión excepcional; y muy importante, tu preocupación por ellos. Con esta trasparencia empezarás a sembrar semillas de esperanza y los seguidores vendrán a ti. Tu ejemplo es clave para crear consciencia en el flujo de decisiones y el impacto de las mismas. Finalmente aquí es donde germina la esperanza de un mundo mejor.

· Marcar la diferencia cada día

¿Cómo trascender cada día? Si la mayor parte del tiempo estamos trabajando o atendiendo a la familia. La gente hoy más que nunca necesita saber que hay esperanza y buenas intenciones en las personas con quienes se relaciona aunque sean desconocidos. La mejor manera de desarrollar este paso es mostrando un compromiso excepcional con al menos tres acciones cada día y que mejoren la condición física, mental, emocional y espiritual del otro. ¿Y cómo será esto?, a través de: una llamada telefónica, un mensaje personalizado, una bendición, ceder el paso en el tráfico, dar los buenos días, saludar a los empleados, sonreír, escuchar… pero escuchar con el corazón.

¡La semilla de un mejor futuro, está sembrada dentro de ti! Reflexiona, Inspira y Ejecuta

Luima Valenzuela Villegas

Presidente Asociación ERIBAC, Ingeniero Industrial con 20 años de experiencia en roles de liderazgo en Recursos Humanos, Coach Certificado, Diplomado en Desarrollo Organizacional y Certificación como Master Trainer.