Tijuana, B.C.- El pasado 6 de julio del año en curso, recrudeció la guerra comercial entre las 2 principales economías del mundo. La cual realmente comenzó durante la campaña del presidente Donald Trump cuando se comprometió a terminar con todos los abusos del comercio exterior, que “injustamente” afectan, según él, a la economía y a los trabajadores estadounidenses.

La orden que firmó el presidente de Estados Unidos el 22 de marzo de 2018, materializó la puesta en marcha de aranceles en importaciones de acero y aluminio provenientes de China y otras partes del mundo, así como multas y restricciones a inversiones del gigante asiático en sectores estratégicos de EUA.

En respuesta, el 2 de abril la nación asiática anunció la aplicación de aranceles de hasta 25 por ciento a mercancías estadounidenses. De un total de 128 artículos provenientes de EUA, para 120 artículos, incluida la fruta, frutos secos y el vino, el arancel será del 15 por ciento, mientras que, en los 8 restantes, destacando la carne de cerdo y el aluminio reciclado, será del 25 por ciento. La selección de los productos por el gobierno chino no es circunstancial y busca erosionar el apoyo de los votantes que eligieron al actual gobierno.

A lo anterior, el 5 de julio, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos  anunció una lista de 1,300 productos procedentes de China, que representan aproximadamente 50, mil millones de dólares de importaciones anuales, afectando cadenas de

suministro de varias manufactureras estadounidenses. La lista abarca desde productos químicos, dispositivos dentales, hasta televisores, vehículos motorizados y componentes electrónicos.

Es evidente que la solución de esta escalada de acciones y reacciones no se resolverá por la rendición de China, por lo que el 6 de julio ambas naciones se aplicaron mutuamente un alza de aranceles sobre productos importados por 36, mil millones de dólares en ambos mercados.

Sin ninguna fragilidad Pekín respondió a EUA, imponiendo tasas del 25 por ciento a 106 productos adicionales estadounidenses. Para esta segunda jugada reservó varios de los productos que afectarían directamente a los productores y empresas que llevaron a la Casa Blanca a Trump.

Finalmente, el 10 de julio la administración del presidente Trump anunció una lista de productos importados chinos a los que se les fijará un arancel del 10 por ciento, con un impacto de 200 mil millones de dólares.

El gobierno chino no es el único que ha respondido a la imposición de aranceles para productos de acero y aluminio. México, Canadá, la Unión Europea y en fechas recientes India, Turquía y Rusia han adoptado represalias comerciales contra diversos productos de EUA por un monto equivalente.

Esta guerra comercial sin precedentes afectará no solamente a las dos grandes potencias mundiales, presionará a las economías emergentes y generará un cambio en las cadenas de valor, así como en los hábitos de consumo. Puede prestar una oportunidad para México ocupando los espacios que dejen los productos chinos, para ello es imperante concluir con una negociación exitosa el Tratado de Libre Comercio de América del Norte para que deje de estar presente la “denuncia” y se dé certidumbre a los empresarios.

*Octavio de la Torre es presidente del Corporativo TLC Asociados, miembro del Cuarto de Junto en la renegociación del TLCAN, Vicepresidente de la Coordinación Nacional de Síndicos del Contribuyente de CONCANACO SERVYTUR.