Mexicali, B.C.- El pasado 8 de marzo en la ciudad de Santiago de Chile once naciones de la región Asia-Pacífico firmaron el Tratado Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP, por sus siglas en inglés); en paralelo, Estados Unidos anunciaba el aumento de aranceles a las importaciones de acero y aluminio para proteger a sus sectores productivos relacionados a estos bienes, constituyendo así la implementación de una clara medida proteccionista ajena al dinamismo económico global.

El CPTPP fue firmado por Australia, Brunéi, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur y Vietnam, que concentran un ingreso per cápita promedio de 28 000 dólares, y, en conjunto, representan más de un cuarto del comercio a nivel mundial, siendo una de las regiones más dinámicas de nuestros tiempos.

Vemos, en definitiva, un muy ambicioso acuerdo comercial que tiene por objetivo el contribuir al crecimiento económico de los países miembros al constituir nuevas oportunidades para empresas, trabajadores, agricultores y consumidores.

Entonces, si esto es tan beneficioso y ambicioso, ¿por qué no está Estados Unidos?; esta pregunta es clave, ya que si Trump está buscando el hacer de su país una nación más competitiva, ¿cómo lo logrará aislándose por “berrinche” disfrazado de “estrategia económica”?

Aquí nos cuestionamos la gran contradicción de decisiones que se toman en el gobierno del presidente Trump, que por un lado se encuentra en medio de la agresiva misión de modernizar el TLCAN con México y Canadá; y, por otro, rechaza ser miembro del CPTPP, cuando muchas de las condiciones de modernización y competitividad internacional que caracterizan a los tratados de nueva generación están consideradas en este acuerdo comercial.

El CPTPP, en 30 artículos, aborda temas de gran impacto actual, como las telecomunicaciones, el comercio electrónico, la propiedad intelectual, los asuntos laborables, las pequeñas y medianas empresas, etcétera.

La firma de este acuerdo multilateral, manifiesta la convicción de que los países miembros se encuentran con la idea de trabajar basados en una economía abierta, y que dinámicamente buscan generar mayor crecimiento, empleo, reducción de la pobreza y bienestar para todos; lo cual es lógico, ¿verdad?, sin embargo, el reto también es para México, pues siempre comete el mismo error al hablar de comercio exterior, ya que cuando atiende el tema de exportaciones piensa en automático en su vecino del norte, cree que forzosamente todo debe pasar por ellos, lo cual es falso.

Ahora bien, el reto para mover la balanza comercial mexicana está, en gran medida, en tener una iniciativa privada competitiva y aguda en temas de innovación, con un protagonismo real en los temas de intercambio de bienes; veamos a este acuerdo como una puerta de bienvenida a la creatividad e inserción dinámica y activa de los sectores productivos.

Aceptemos el reto para lograr un superávit en la balanza comercial con valor agregado real, más allá de la manufactura y crezcamos en servicios de calidad.

Estados Unidos no está consciente de la oportunidad de medir de cerca lo que hacen sus competidores (o como lo ve su presidente sus “enemigos”), y como a los americanos les encantan las frases de películas me viene a la mente la frase de Michael Corleone en la película El Padrino II, donde dice: “Mi padre me enseñó muchas cosas aquí. En esta habitación. Me dijo: ‘Mantén cerca a tus amigos, pero aún más cerca a tus enemigos’”.

¿Qué piensan ustedes?

*Cristian Valdivia Medellín es International Trade Compliance Manager en Breg México. El columnista cuenta con un MBA con concentración en cadena de suministro por Cetys Universidad, está Certificado en Trade Compliance por GBU y actualmente cursa maestría en Derecho Aduanero y Comercio Exterior en Trade & Law College. Correo: <cvaldivia@breg.com>.