Tijuana, B.C.- La construcción de otro muro fronterizo por parte de Estados Unidos tiene matices más mediáticos y de tipo emocional, aseguran empresarios, manifestando su desacuerdo en que se construyan barreras en lugar de puentes de comunicación.

El 26 de septiembre, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de Estados Unidos anunció el inicio de la construcción de ocho prototipos de muro en la frontera entre Tijuana y San Diego.

Para Gustavo Fernández de León, líder del proyecto de Industrias Creativas en Tijuana, la construcción de un muro en la frontera con Baja California no tendrá mayor repercusión para la economía, pues la entidad está acostumbrada a una dinámica de cruces fronterizos y a la existencia de una barrera física.

“La dimensión es mucho más emocional para nosotros en Tijuana, en Baja California. El muro representa un significado de las políticas públicas de Estados Unidos, pero hay que tener claro que siempre ha existido un muro”, expresó.

Por su parte, José Luis Contreras Valenzuela, vicepresidente del Colegio Nacional de Economistas, criticó la actitud del presidente Donald Trump de atacar a los mexicanos, en lugar de crear puentes de comunicación.

“Si van a hacer el muro pues que lo hagan, finalmente es su dinero. Creo que nosotros, y es un llamado, a no engancharnos con el tema del muro y seguir nosotros construyendo acuerdos”, indicó, añadiendo que es necesario generar condiciones favorables para las economías emergentes.

No queremos muros en el siglo XXI

Alejandro Díaz Bautista, investigador economista del Colegio de la Frontera Norte (Colef), refirió que incluso Alemania, que por años estuvo dividida por el muro de Berlín, apoya a México en su rechazo al muro que quiere Donald Trump.

“En la frontera de Baja California y California queremos puentes, caminos e infraestructura moderna, no muros que dividan a nuestras economías y sociedades. Un cálculo del Departamento de Seguridad Nacional estima que el costo será de alrededor de 22 mil millones de dólares. El presupuesto de Trump sólo prevé 1.4 mil millones para el desarrollo inicial del muro fronterizo”, sentenció.

Al final del día, dijo Díaz Bautista, el congreso es el que destina los fondos y al que le corresponde un análisis independiente de todas las consecuencias, antes de gastar el dinero.

Un muro incosteable

Aunque el muro que Donal Trump pretende construir representa un gran negocio para su gobierno y para muchas empresas, agregó el académico, su costo y repercusiones económicas, sociales y medioambientales podrían ser determinantes para frenarlo.

Díaz Bautista señaló que la frontera entre México y Estados Unidos se extiende 3,240 kilómetros y ya existe un muro construido de alrededor de 2,000 kilómetros, por lo que quedaría por construir el resto: poco más de 1,000 kilómetros.

La estimación económica para la construcción del muro fronterizo, detalló, oscila entre 13 mil y 22 mil millones de dólares. Mientras que Estados Unidos, Japón y China ostentan la deuda pública más elevada del planeta en millones de dólares.

Históricamente los muros nunca han resuelto los problemas de inmigración ni de agresiones externas, aseguró el investigador del Colef, citando que la Gran Muralla China no logró contener las invasiones bárbaras al territorio chino; el muro de Berlín no contuvo las emigraciones del Este hacia el Oeste, ni los otros muros que hoy se construyen en Europa han resuelto la crisis de los desplazados por catástrofes naturales o guerras.

Primer intento de bloqueo

“Un grupo ambientalista y un legislador de Arizona presentaron una demanda para bloquear la construcción del muro fronterizo proyectado por Trump en la frontera con México, lo que amenaza con descarrilar uno de los proyectos

que prometió durante la campaña”, precisó Alejandro Díaz.

Refirió que el Center for Biological Diversity y el representante Raúl Grijalva, el demócrata de mayor rango en la comisión de Recursos Naturales de la Cámara Baja, argumentan en una demanda federal que el gobierno de Trump no ha realizado un estudio del impacto ambiental.

Dicha demanda busca que se detenga cualquier trabajo en el muro hasta que el gobierno analice el impacto que tendrían la construcción, el ruido, la luz y otros cambios al paisaje sobre los ríos, flora y especies en peligro, así como en los residentes fronterizos, destacó el académico.